EL REGRESO A LOS TRES PISTONES
- Cristian David Gutierrez Rojas
- 31 may 2021
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 15 jul 2021
Fuente: Revista Motor. José Clopatofsky / Director Revista MOTOR
Luego de estar en vehículos de Alemania Oriental en los años 60 y más adelante el Sprint, los motores de tres pistones ahora regresan con turbo.

Colombia siempre se había movido al compás de los grandes motores americanos, de seis, ocho, doce y hasta algunos exóticos bloques de 16 cilindros, proporcionales a las carrocerías que eran un monumento al grueso de la lámina, al antimonio para formar bonitos pero pesados bómperes y guarniciones interiores que ocupaban el lugar de los airbags de hoy y eran un parapeto mortal para los ocupantes de los carros que iban en sillas sin ajuste lateral, sin cinturones, sin vidrios de seguridad, etc. En esos tiempos, el carro era bueno en la proporción en que aguantara choques y destruyera a los compañeros de la vía, sin importar si los ocupantes morían en el ejercicio. Y hasta era frecuente que se empujaran bómper con bómper sin dejar huellas cuando las débiles baterías de 6 voltios morían.
Seguro hubo otros antes, pero en los comienzos de los años 60 el parque automotor nacional se creció con unos curiosos vehículos de Alemania Oriental, con motores de solo tres pistones que funcionaban en el ciclo de dos tiempos con una desigual cacofonía en los escapes y nubes de humo que quemaban a la par con la gasolina para lubricar sus tripas, bien precarias, por cierto, y hasta hubo en los surtidores la mezcla ya preparada, popularmente conocida como el ‘Essomix’. Estos Wartburg inolvidables se cambiaban por café porque no había divisas y llegaron en varias versiones, primero como automóviles de decente figura y luego con chasises cortados, las “chancletas”, pues el gobierno solo permitía que se trajeran utilitarios.
Estos carros le dieron origen o impulso a la industria de carrocerías, pues muchos ‘chasises’ se cabinaron como camionetas de familia, sin importar la tara de peso enorme que les agregaban, y fueron para mucha gente el carro de entrada a la “modernidad”. Con menos población, pero con una calidad infinitamente superior, también llegaron los DKW, en ese entonces Auto Union y hoy Audi, de similar organización mecánica en los motores, y hasta los hubo luego como pequeños microbuses de servicio público procedentes de España.
El lugar común, además del humo y el ruido, eran los 3 cilindros, los 1000 cm3 y los 50 caballos que entusiasmaron a muchos pilotos a correrlos con éxito por su buen andar e inequívoca resonancia.
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